9.5.08

BLANCA FERNÁNDEZ PUBLICA "BÓVEDA", POEMARIO FINALISTA EN EL PREMIO INTERNACIONAL MÀRIUS SAMPERE 2007

De los textos de Blanca Fernández surgen una mirada y una voz tersas, que buscan su propia contaminación en la mirada y en la voz del Otro (“manos clavadas/ nuca quitan propio clavos”). Pero es una búsqueda libre de voluntad, como en un juego sin Verdad,guiada por una ética leve y rigurosa en la que se enraízan el dolor y la resistencia: “aguas libres arrastrad la palabra/ desprecio”. Leídas estas páginas, en los ojos quedan perlas que fueron ojos."Bóveda" es su primer poemario que nace libro.

UN CUERPO PROFUNDO

¿Aprenderé a amar tu nuevo rostro? /sin párpados/ sin boca


Un día, jugando a asignarle una vocal rimbaudiana (es decir, coloreada) que la distinguiese- un shibbólet para la apertura de la palabra a su silencio-, atribuí a la poesía de Blanca Fernández la I roja, rire des lèbres belles. Es decir, hay un sonido afilado, en estos versos, y el rojo, el rojo casi negro (de melancólico orgullo, decía Ernts Júnger) del cuerpo que siente su desaparecer en el ser, en el otro, en la nada /”las pieles aman su servidumbre”), y su permanecer en la nada, en lo otro, en el ser (“el fluir que hubiéramos sido de no haber muerto, también somos").

Es el cuerpo profundo, el que los versos de Blanca Fernández exponen. Un cuerpo fuera del ataurdiano juicio de Dios – fuera del esquema producción-reproducción donde boquea, vigilado, el deseo- y que sabe arrojar su propia finitud y destruir sus propios órganos sobre los sentidos de un infierno que hiede para el hombre que con su plegaria se alejó de lo peligroso.

El peligro, la fe contra el estancamiento y la espera. Hay un temor y un temblor que mueven la desnudez del deseo- en y contra la bóveda del ser-, que siempre tiene una mirada ignominiosa (in nomen). Pero la desnudez es la única forma del deseo, su única potencia. La pérdida del nombre, la ignonimia es su recompensa y castigo. Algo obsceno (fuera de escena) persigue al ojo que se aleja del hombre y de la identidad, para clavarse y desaparecer en el automatismo del No-Dos. Machina ex deo.

La chair est triste, decía Mallarmé. Pero ojos proliferan desde la imagen y en la imagen, florecen en los nombres que la escritura disipa, en los dáctilo de la “caligrafía de la escena”, en el cojeo edípico y tirésico de los yambos y de los troqueos (“el signo duerme o vive/no conoce fin”). La medida del verso – su ritmo (su número)- ve el abismo de su silencio, cada vez, en la cesura en que el respiro cae sobre el verso sucesivo, aún no pronunciado: “despertar la no- palabra/que duerme tras la frente”.

De los textos de Blanca Fernández surgen una mirada y una voz tersas, que buscan su propia contaminación en la mirada y en la voz del Otro (“manos clavadas/ nuca quitan propio clavos”). Pero es una búsqueda libre de voluntad, como en un juego sin Verdad, guiada por una ética leve y rigurosa en la que se enraízan el dolor y la resistencia: “aguas libres arrastrad la palabra/ desprecio”. Leídas estas páginas, en los ojos quedan perlas que fueron ojos.

IANUS PRAVO





Para qué escribir:

Para que el tiempo se consuma deprisa, para succionarlo como un niño un refresco y que el tiempo no estorbe, para usar el tiempo y dejar en él formas con sentido, forma con fondo, en la vela que va deshaciéndose de mí. Para crear en el tiempo algo que trascienda del tiempo, no la obra inmortal, que nunca lo será, sino lo que deja lo que escribo, en mí, después de ser escrito. ¡Y que el tiempo pase sin sentir! ¡dios de todo o de nada, que no sea una tortura el paso de las horas! chupo mi refresco para que no me consuma el vacío de un tiempo sin contenido, para sentir que a pesar del tiempo existo, el tiempo no me desgasta por completo, yo orado en el tiempo una pequeña figura, una muñeca voodú de mi alma.

Para encontrar, para sorprenderme de lo que mi cabeza es capaz de hallar en el marasmo de palabras, para destejer el ruido del universo, para acercarme a mis dudas, a mi ignorancia y saber qué es lo que no sé, para dar forma a lo que soy, para sentir que hay límites –mi cuerpo, la palabra, el otro- e intentar escapar de esos límites o luchar contra esos límites, para escapar de mí, para olvidarme de mí, para poder superar las palabras, para llegar al silencio algún día, a la totalidad, para ser consciente del camino de la palabra que siempre acaba en el blanco silencio.

Escribo para unirme con los otros seres tan solos como yo misma, la palabra necesaria como medio de llegar al otro, para acortar las distancias entre los seres, para compartir mi soledad con quien la halle. Escribo pues no puedo ser hecho absoluto sino aproximación, tendencia, incesante murmullo, eco; la palabra es mi eco, las palabras que pronuncio cuando son necesarias me representan ante el éter, la palabra es lo que queda de mí en el tiempo, la palabra necesita del tiempo para ser leída, pronunciada, escuchada. Las palabras están llenas de tiempo, tal como el ser humano lo está; el hombre necesita del espacio, así como la palabra, pero se expresa en el tiempo, así como la palabra lo hace. Pero la palabra Hombre no es una palabra que pueda pronunciarse de una vez por todas.

Escribo como una oración que pronuncia mi mente anhelando siempre algo incierto, en todos los silencios se manifiesta una pregunta que no puede expresarse con palabras. Lo indócil se revela en la palabra contra la Naturaleza a la que muestro mi derecho a gritar a cuestionar a pronunciar mi yo contra lo que me ignora o a extasiarme también con lo revelado o a perder la voz y las palabras en la contemplación de lo sublime.

Blanca Fernández


Bóveda
Texto: Blanca Fernández
Diseño y maquetación: EN LÍNEA
Colección: Helado de Mamey
Director colección: Francisco J. Sevilla
Ediciones Amargord
Primera edición: 2008
ISBN: 978-84-87302-85-5



XII

templo único
bóveda
universo craneal
expande orbe
sé todo en todo
no aprisiones los mundos
cerebrales
pequeñas replicancias divinas
sublevaros contra fronteras
conquistad único universo
instrumento y cauce
de vosotros mismos

SENTIR no simulacro
si por fin libres
del cáliz de plata



XXII


hoy
nací serpiente

me arrastro
como el hombre
es arrastrado por el tiempo

sucumben las carcasas
las cenizas
renace la mañana
de uno mismo

en el manantial
conchas huecas entrechocan
lejanas voces
de pieles descartadas

y te vuelves

y me vuelvo

y volvemos a alejarnos

cada uno lleva un perro
atado
desde siempre


XLI


hay caminos ocultos
sabedlo
en los que el dolor
se brinda cortésmente

cortésmente aceptar
ofrecimiento o declinar

si la curiosidad vence al temor
sabedlo
descubriréis
en el camino
un hombre solo
cubierto de fragante musgo

hay una puerta de hierro
en su pecho

empujad entonces



Poemas pertenecientes a “Bóveda”, publicado en la colección Helado de Mamey de Ediciones Amargord


Blanca Fernández (Madrid, 1970) es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en diferentes medios de comunicación, sobre todo en televisión, realizando labores de redacción, coordinación, locución y presentación en diferentes programas emitidos por TVE en Canarias, así como en otras cadenas y productoras. Tiene varios poemarios inéditos y una novela también inédita. Ha coordinado talleres de poesía y colaborado en diversas revistas literarias. También ha realizado numerosos recitales poéticos en Las Palmas de Gran Canaria junto con sus compañeros de grupo literario con los que ha escrito un poemario titulado “Taxidermia”, prologado por Leopoldo María Panero, poeta admirado por todos ellos con el que han mantenido un trato cercano durante los últimos años.

7.5.08

JORGE BOCCANERA GANADOR DEL PREMIO CASA AMÉRICA DE POESÍA

Boccanera publicará en Ediciones Amargord "Polvo para morder"

El poeta y periodista argentino Jorge Boccanera ha obtenido del VIII Premio de Casa de América de Poesía Americana. La obra “Palma Real” del escritor se antepuso el pasado 28 de abril a los 272 manuscritos presentados en el último certamen.

Departamento de Comunicación Casa de América

El Jurado, integrado por Juan Gelman (Presidente), Julia Escobar, Luis García Montero, Jesús García Sánchez, Benjamín Prado, Imma Turbau y Anna María Rodríguez-Arias (secretaria), concedió por mayoría el Premio de Poesía Casa de América al libro “Palma real” y destacó la calidad literaria de una poesía muy rica estéticamente y muy exacta en el uso del vocabulario.

En su opinión, la obra de Boccanera sobresale especialmente por su diálogo profundo con la tradición poética hispanoamericana.

El Premio Casa de América de Poesía Americana aspira a estimular la nueva escritura poética en el ámbito de las Américas, con especial atención a poemas que abran o exploren perspectivas inéditas y temáticas renovadoras y tiene una dotación de 6.000 euros como anticipo de derechos de autor, dado que la obra se publica en la Editorial Visor Libros.


Polvo para morder, próxima publicación en Ediciones Amargord

Ediciones Amargord incluyó a Boccanera en la colección Los Orfebres, dedicada a los poetas de allá, donde publicará inminentemente "Polvo para morder". Este libro se instala en una instancia extrema, porque morder el polvo es la imagen de la derrota por excelencia y es, desde ese límite, que esta voz se resuelve, muestra el estrépito de la caída y transforma, como única salvación, el polvo en alimento, combustible para el poema. La obra se editó en una edición universitaria en Argentina en el año 1986. Más de veinte años después su vigencia es indiscutible.

SOBRE CALLE

Calle parte de la Gran vía, quizás la travesía urbana más emblemática de Madrid asediada ahora por el cierre de cines y teatros, el enésimo expolio de las ideas en beneficio del dinero: esa gran abstracción. Pienso que la avaricia y la codicia de estos tiempos son más una enfermedad del espíritu que del cuerpo, por eso a pesar del materialismo que todo lo devora, el alma lucha por volver a existir.

Pero hablando del libro y asumiendo el peso horizontal de edificios construidos con distintas inspiraciones arquitectónicas, Calle también tiene que ver con la autocensura a la que nos sometemos mediante tanta exquisita ironía, el miedo a decir verdades que duelan, la imposibilidad de vivir la vida ausente.

La niebla de lo dado, de lo ya transcurrido, evita a menudo alcanzar lo entrevisto, lo soñado (más que lo perdido) entre los pliegues de las sábanas. Un zapato rojo en el centro de un cráter de obús en la Red de San Luis y cierto 27 combativo, especialmente Alberti, Miguel Hernández, Juan Larrea, se hallan de algún modo tras estas evocaciones. Vidas lejanas y posibles y algunos personajes de películas y obras de teatro se han metido como cuñas en los poemas, a veces conscientes, a veces como habitantes fantasmales de un edificio en ruinas. En fin, puede que haya también un poco de suicidio de la memoria, de nombres extraviados, de mujeres heridas de tiempo como sombras entrevistas en las balaustradas y además algo (espero) de cóctel en Chicote bien cargado con 2 partes de recuerdo, 1 de anhelo y 1 par de gotas de angostura.


Miguel Ángel Gara

5.5.08

LOS TEATROS CERRADOS EN UN HERMOSO TELÓN

Con Calle, Miguel Ángel Gara, configura un particular Drama en gente con poemas de distintas evocaciones: versículo y metro clásico, caligrama y monólogo dramático, poema en prosa y aforismo. Edificios diversos para una visión, no exenta de sentimiento, de una calle transcurrida, presente y, al mismo tiempo, aún por construir.


Miguel Ángel Gara (Madrid, 1970), uno de los poetas con mayor proyección editorial, nos sugiere en Calle tanto un lugar físico como un silencio imperativo. Como en toda arteria urbana donde se erigen construcciones de diferentes épocas y estilos.

Para adentrarnos en su particular avenida, Gara, se ha dejado llevar por esa hora de cierre de los teatros en una gran ciudad y ha dividido el poemario en la estructura de una obra clásica: preámbulo, primer acto, entreacto, segundo acto y telón.

El preámbulo es un poema sin título que nos anuncia el final y nos descubre la calle. Allí están el Drama: “Como un personaje de una obra/ en la dramática medianoche, / ves teatros, cines/ cerrando la función/ Y el cielo que abre el escenario de la calle, rota” y la Comedia: La risa es saludable, ría usted, regrese/ como un actor donde el colmillo brilla. Advertidos estamos que formamos parte de este Teatro de la vida.

Se alza el telón y alguien brilla mientras camina antiguamente a la realidad, la verdadera protagonista de este libro. Nada está completo/…/la realidad no-toda que se oculta/ y en su fin amanece. Y ésta es la contrarréplica de la misma Realidad: “Qué falta/ en la palabra, entonces/ gravedad/acabada la obra/y la palabra”.

Los poemas se construyen a partir de ideas concéntricas. Parecen piedras que se sumergen en un estanque y se expanden hasta desaparecer. La sombra caía camino de la casa/ y puede que la sombra/ fuera una sombra ajena.

Las contradicciones conforman imágenes tan bellas como dramáticas: en el verde violento de los ojos murió la primavera (Estéril). Y qué es eso, preguntas, sino el río/ donde se ahoga el pez que ansía la tierra/de pura sed, en el descubrimiento/ de su agua imbebible.- Respiras en esa calle abierta-.

Las palabras repetidas recuerdan a la inspiración jazzística del movimiento beat. La reiteración conforma la melodía que nos guía: No es esta palabra/ tu cuerpo, música/ donde te conocí…/ No es esta palabra tu cuerpo música/…cuervo/ que roba la palabra/ antes de que llegue a su sonido.

Gara exige que las palabras entren por todos los sentidos. Los poemas visuales son una constante como el titulado Seco inspirado en la gota cortaziana. Un trazo perfectamente cerrado: La/imaginaria/forma de una gota/…/Imaginaria manera/ de lágrima.

Poemas que hacen de la palabra un pincel que juega a engañar al ojo. Repetición de palabras que cambian el significado a la menor distracción.

Calle configura un particular drama en gente con poemas de distintas evocaciones: versículo y metro clásico, caligrama y monólogo dramático, poema en prosa y aforismo. Gara se desenvuelve en todos ellos y construye con la palabra rompecabezas que encajan pieza a pieza.

“El telón cae en los cines de la calle, en la fanfarria de novedades los leones dormitan y las alfombras mullen bajo los compradores. el mercader expulsa profetas del templo: marchaos de aquí, -proclama- no mancilléis de augurios la casa de mi padre. La magia de los cines es así, se hace la realidad”.


J.Ramón Huidobro

Calle
Texto: Miguel Ángel Gara
Fotografía de portada: José Javier González
Diseño y maquetación: EN LÍNEA
Colección: Helado de Mamey
Director de colección: Francisco J. Sevilla
Ediciones Amargord
ISBN: 978-84-87302-80-0
Primera edición: 2008





la ausencia es la suavidad de lo extraviado, seda fija al pulmón, camino que divide los caminos, con pasos de silencio en la sangre aún invisible el niño es una cuchilla tierna, tensión que otorga a un mundo progresivamente abierto

el telón cae en los cines de la calle, en la fanfarria de novedades los leones dormitan y las alfombras mullen bajo los compradores. el mercader expulsa profetas del templo: marchaos de aquí, -proclama- no mancilléis de augurios la casa de mi padre. La magia de los cines es así, se hace la realidad

la mujer del balcón es contemplada por los fugaces peatones de la calle, Pelagia, susurran, y ella desaparece hacia el interior como si su estado natural fuera el tránsito, la oquedad que abandonan sus ojos perennes

la dirección de la calle es el futuro pero algo se abate en el latido de lo que fue colina, posadas, las acacias asen el instante como manos y lo encienden con su duro albumen de ser vivo, golpes de pedernal de pisadas que no se repiten, que surgen y desaparecen, en los campos de fuego


Las nubes fluorescentes de Zhu Chung

En el cielo las nubes fluorescentes,
suben rascacielos como acantilados
interminables son las carreteras
que atraviesan la tierra.
Te ruego que no mueras.
Ojalá trates de volver.


Accidente

La cicatriz abrió la herida



* Poemas pertenecientes a "Calle" de Miguel Ángel Gara, publicado en la Colección Helado de Mamey de Ediciones Amargord



Miguel Angel Gara (Madrid 1970) ha publicado los poemarios El libro de Sara (LF ediciones, 2005), Luz previa a la luz (XXIV Premio de poesía Ciudad de Badajoz, Ed. Algaida, 2006), la plaquette de aforismos Gérmenes y momentos (Ed. Amargord, 2007) y, en breve, El desierto de agua (Ed. La garúa). Recientemente ha co-traducido junto a Johanna Lööf la antología de poesía juvenil sueca “Mellan himmel och jord” (Entre cielo y tierra, Ed. Slottener 2007). Colabora asiduamente en varias revistas literarias y es responsable del suplemento de poesía Pata de gallo en el portal literaturas.com.

4.5.08

EL POEMA Y EL LÁTIGO CONTRA LA BESTIA

Esther Giménez publica su segundo poemario “Lamento por un ángel caído”

Se ha hecho larga la espera del segundo libro de Esther Giménez, tras los ocho años transcurridos desde Mar de Pafos (Premio Hiperión 2000). Después de participar en numerosas antologías y la publicación de una plaquette era necesario que encontrara una editorial sensible a las voces forjadas en el día a día de la poesía. En su nuevo libro nos descubre que la belleza habita donde quiere. Deja entrever un ángel caído cualquiera, difuminado en el devenir de los días, que ya apenas recuerda lo que solía representar.

Con un estilo cargado de sensualidad e ironía, Esther Giménez (Premio Hiperión del año 2000) publica su esperado segundo libro. En Lamento por un ángel caído (Ediciones Amargord) recala en textos más breves pero contundentes. En el recorrido del poemario la autora se decanta por los versos libres aunque no falta algún soneto de perfecta construcción dotado de una mirada actual que nos enseña a reírnos de nosotros mismos.

Mi particular ángel caído, declara Esther Giménez, pareció desde el principio enfundarse en una poesía epigramática, sobria, rotunda, que respondía a la necesidad de explorar los límites, de pendular entre lo vivido y lo no vivido, lo aprendido y lo inventado, lo revelado y lo velado.

El poemario, dividido en cuatro partes con una idéntica estructura: prólogo y decálogo, arranca con “Lamento” en el que cita a Baudelaire para introducir a la bestia a la que ni el látigo ni el poema sirven. Es esta parte la que da nombre al título.

Un ángel caído cualquiera

“Entreveo un ángel caído cualquiera, difuminado en el devenir de los días, que ya apenas recuerda lo que solía representar: la más fiera libertad individual frente a los convencionalismos. La tragedia esta vez no consiste en la caída del ser sobrehumano; lo verdaderamente lamentable es que, como tantos otros demonios convertidos en masa, se vea empujado de nuevo hacia el cielo que una vez repudió”.

En “La canción del páramo”, su segundo capítulo, indaga en la búsqueda del poeta cuando le llega la hora de rendirse a la intemperie: “Y si un niño desnudo existiera más allá / más allá de este páramo/ o de este páramo naciera/ yo le daría muerte”.

Por medio de la advertencia de la cita de Hölderlin, Giménez avisa en “El banquete” de los peligros de la elocuencia: “La carga que me dejaste/ la que me rompió las vértebras/ para que nunca fueran alas/ el oportuno peso/ que me libró de ser un papagayo”.

Cierra el poemario “Cuentos místicos”. Un diálogo entre Vincent y Jules, personajes protagonistas de Pulp Fiction, rescata una serie de héroes que luchan en un mundo cada vez más hecho mierda. Allí desfilan Peter Parker, Jor- El, Afrodita A, Bartleby o el Sr. Rubio, entre otros. “Desalmado el poeta/ Desalmadas todas las bestias/ que afrontaron de espaldas el abismo/ y cayeron de pie/ que en su camino abajo entre nube y penumbra/ vieron la luz y riéronse de ella.

Esther Giménez tiene la habilidad de convertir en terrestres asuntos que tienen que ver con el cielo y viceversa, y lo hace de modo distendido y efectivo porque sabe que la belleza habita donde quiere. “La ceremonia que rodea al texto no es sino otra vía de escape de lo cotidiano o, más bien, un subterfugio para extraer del día a día una brizna de asombro”. Los ángeles se van: no dejan rastro. Como ellos, sabe conmover y seducir.

3.5.08

SOBRE LAMENTO POR UN ÁNGEL CAÍDO



Sobre Lamento...

Por Esther Giménez

Mi particular ángel caído pareció desde el principio enfundarse en una poesía epigramática, sobria, rotunda, que respondía a la necesidad de explorar los límites, de pendular entre lo vivido y lo no vivido, lo aprendido y lo inventado, lo revelado y lo velado. Parece esta la única forma de adentrarse en materia solemne, un abrirse paso entre la maleza que nos lleve hacia lo sagrado y nos aleje de la creencia impuesta. Forma y contenido no son en ningún caso premeditados, sino que se amoldan como sola unidad al ritmo interno del poema. La musicalidad del verso tiende irremisiblemente a cero y es el silencio -principal protagonista- el que sirve de andamio a la palabra. A modo de ritual, el sigilo y la oscuridad dotan de especial relevancia a lo poco que allí acontece: dos o tres imágenes, vagamente iluminadas, que lo dicen todo, que no tienen por qué decir más. La ceremonia que rodea al texto no es sino otra vía de escape de lo cotidiano o, más bien, un subterfugio para extraer del día a día una brizna de asombro: la epifanía que inesperadamente surge de lo acomodaticio.

Entreveo un ángel caído cualquiera, difuminado en el devenir de los días, que ya apenas recuerda lo que solía representar: la más fiera libertad individual frente a los convencionalismos. La tragedia esta vez no consiste en la caída del ser sobrehumano; lo verdaderamente lamentable es que, como tantos otros demonios convertidos en masa, se vea empujado de nuevo hacia el cielo que una vez repudió.



Esther Giménez (Vallecas, Madrid, 1979)estudió Filosofía Inglesa en la Universidad Complutense. Ha publicado Mar de Pafos (Premio Hiperión 2000)y la plaquette Epitafios (Cuadernos del Vigía 2001). Figura en varias antologías como Un siglo de sonetos en español (Hiperión 2001), Ni Ariadnas ni Penélopes (Castalia, 2002), Mujeres de carne y hueso (La esfera de los libros, 2002), Veinticinco poetas jóvenes (Hiperión, 2003), Todo es poesía menos la poesía (Eneida, 2004), Los jueves poéticos en La Casa del Libro (Hiperión, 2006), La voz y la escritura (Sial, 2006) e Hilanderas (Amargord, 2007). Lamento por un ángel caído (Amargord, 2008) es su segunda obra individual publicada.



LAMENTO


Prólogo


Su avidez y su vida mordisquean mi vientre.
Ya sólo viva y ávida,
ni el poema ni el látigo me sirven
contra la bestia.


CANCIÓN DEL PÁRAMO


Prólogo


Olvida los colores chillones del hallazgo.
Deja de lado el grito y el sudor.
Apaga la estridencia;
no te rías.
Es hora de reírse a la intemperie.


EL BANQUETE


Prólogo


La carga que me dejaste,
la que rompió mis vértebras
para que nunca fueran alas,
el oportuno peso
que me libró de ser un papagayo


CUENTOS MÍSTICOS


Prólogo


Aquí escupió el santo varón.
Mirad la llaga de la piedra,
El estornudo todopoderoso.



Poemas pertenecientes a Lamento por un ángel caído de Esther Giménez publicados en la colección Helado de Mamey de Ediciones Amargord

Lamento por un ángel caído
Autora: Esther Giménez
Dibujo de portada: Rufino Mirayo
Diseño y maquetación: EN LÍNEA
Colección Helado de Mamey
Director de colección: Francisco J. Sevilla
Ediciones Amargord
ISBN: 978-84-87302-78-7
Primera edición: 2008

1.5.08

LATINOAMÉRICA DEBE DEFINIR SU IDENTIDAD PARA ACUDIR AL DIÁLOGO DE CIVILIZACIONES

Madrid, 30 abr (EFE).- Latinoamérica es "la única región del mundo que no ha definido su identidad", una tarea prioritaria de los intelectuales, necesaria, según el escritor argentino Adolfo Colombres, para acudir al diálogo con las demás civilizaciones.

Colombres, que presenta en España esta semana su último libro, "América como civilización emergente", es un defensor acérrimo del auto-examen que deben hacer los latinoamericanos para 'descolonizar' su cultura, "para saber qué y quiénes somos", aparte de "occidentales".

Al autor recuerda en una entrevista con Efe que "a los africanos nadie les dice que son occidentales", y pregunta: "¿Es Latinoamérica occidental?".

La América Latina tiene como 1.600 culturas diferentes, una gran diversidad de "matrices indígenas" o una enorme "gama mestiza", pero los latinoamericanos, añade Colombres, no se toman el trabajo de definirse, de "poner distancia" frente a los paradigmas europeos.

Parece que el autor perdiera la paciencia cuando lamenta que "las cabezas pensantes" de Latinoamérica "todavía discuten los problemas filosóficos de la Alemania de los años veinte como si fueran suyos".

Y mientras tanto dejan pasar, sin reflexión alguna, "la máquina más poderosa de demolición cultural", el cristianismo; "ese instrumento que sigue atacando a los pueblos. En cuanto hay un indígena que tiene una cosmovisión distinta, inmediatamente lo quieren dominar", dice Colombres.

Por este motivo, el intelectual argentino cree que en Latinoamérica hay una labor urgente que es la necesidad de elaborar "un pensamiento estratégico y práctico que ayude a la gente a situarse en el mundo".

En esa tarea, insiste Adolfo Colombres, es necesario "procurar librarse de la colonización pedagógica cultural", indispensable para ver la realidad con "parámetros propios".

Tal como lo expresa en su libro, Colombres aboga también por mantener a toda costa las riquezas materiales e inmateriales del continente, el ecosistema, las "matrices culturales, que son la raíz de la diferencia", o la lengua.

El autor cree que en el proceso actual de repensar Latinoamérica jugó un papel determinante el levantamiento de Chiapas (México), el 1 de enero de 1994, la misma fecha en que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y cuando centenares de indígenas de levantaron contra el Gobierno mexicano en ese estado del suroeste del país.

Según Colombres, "Chiapas empieza a plantear una respuesta digna a Washington, a la globalización. Los indígenas dijeron que no querían ser los ascensoristas, botones y lavaplatos de los hoteles de Cancún", una gran zona turística planteada para atender a estadounidenses y europeos, explica el autor.

Según el escritor argentino, se trató de la manifestación de unos indígenas que querían decir: "somos los herederos de una gran civilización mucho más antigua que la de ustedes".

Adolfo Colombres también expresa su esperanza porque en América "hay un avance identitario", visto en las reacciones frente a los actuales proyectos globalizadores.

En el comienzo de este nuevo milenio, dice, "el indio de América ha pasado a ser el futuro, cuando antes era el símbolo del pasado", y cita al sociólogo peruano Mirko Lauer, según el cual el indígena "era antes la referencia inmóvil a través de la cual se veía el avance de la modernidad".

Lo que hace falta ahora, insiste el autor, es que "los pensadores sean capaces de echar una mirada prospectiva" sobre Latinoamérica que sirva para echar las bases del aglutinamiento de las culturas del continente.

"No soy político", dice Colombres como a manera de disculpa por su actitud crítica, y añade que sólo es "un militante de América en sí misma", amante de su diversidad y triste "al ver cómo la están demoliendo". Javier Nieto-Remolina- EFE

Fotografía: José Ramón Huidobro

Más reseñas:

América Latina: Una utopía masiva que puede ser realidad. Por Tito Bravo en I.P.S

29.4.08

AMANDA DURÁN LEE EDIPO A SU HIJO DÍA TRAS NOCHE

Declara Amanda Durán que Ovulada es un libro dedicado a fantasmas, escrito por fantasmas. El texto, está marcado por el dolor y sangra constantemente, desde el inicio, como un diluvio de conflictos no resueltos. El tema central, fijado en el desquebrajamiento de la familia, que bien puede ser cualquier familia se insinúa en la cita de entrada: “Todas/ las ventanas de todos los vecinos del mundo…”. A la casa de la joven poeta chilena le corren epitafios como cucarachas. Versos de un joven universo inclasificable en los que la poesía se asegura su destino. Que esta obra baste y sobre ahora mismo, pues será suficiente para rato.

Amanda Durán (Santiago de Chile, 1982) publicó a los doce años su primer libro Zona Primavera (1994), con un prólogo-poema de Nicanor Parra y firmado por su nombre civil, Daniela Pizarro Durán. Obviamente un libro de niñez, pero que ya marcaba la tendencia de esta poeta a los desafíos literarios de manera decidida. Le expresa Parra: “Ya verás ya verás/ Imposible vivir sin poesía/ Sin poesía nos volvemos locos.

Confiesa Patricio Manns en la contraportada de Ovulada (Ediciones Amargord) “Había presentido ya que las nuevas generaciones, aquellas que vienen a sustituirnos, están formidablemente más dotadas y equipadas, por ejemplo, que la nuestra, en idénticas circunstancias y percepciones en igualdad de profecía y canto. Sin embargo, ello hace aún más inexplicable el caso de Amanda Durán en esta obra. ¿De qué recóndito planeta interior proceden estos versos trágicos, apasionados y durables? ¿Comprende la poetisa todo lo que escribe? Y es que plantea la cuestión de la experiencia a la hora de enfrentarse a la escritura.

“Ignoro de donde viene el sentido postrero, tenso y veraz de estos versos, algunos de ellos tan notables y tan vividos, tan dramáticos y elocuentes, que me dejan confuso, tamboreando en un cacho incalculable”.

Por encima del amor del hombre
yo coloco el amor por las cosas y los fantasmas

Así hablaba Zaratustra, Nieztsche


En su Ovulada, sostiene Alejandro Lavquén, la poeta entrega un texto conmovedor y audaz. De una intencionalidad poética que sorprende en muchos de los parajes que nos ofrece. El texto, está marcado por el dolor y sangra constantemente, desde el inicio, como un diluvio de conflictos no resueltos: “La niña que no soy/ que nunca amó a su padre/ y finge/ gemidos falsos/ y falsos/ a ras de hambre/ o muerte”.

Sobre el título declara Durán que a muy poca gente le gusta, y es así: un nombre incómodo para un libro incómodo. “No busco agradar, pero si tocar vértebras, miradas del lector a si mismo, es un libro dedicado a los fantasmas, escrito por fantasmas. Ha sido un proceso increíble.”

Junto al tema central, fijado en el resquebrajamiento de la familia, que bien puede ser cualquier familia, se reconsideran otros sentimientos. Por ejemplo, el amor es abordado a través del conflicto conyugal, de la cotidianeidad, la ilusión, posibles desafectos, etcétera: “sin asco/ revientas mi carne/ sin hambre/ vamos y venimos de la piel sin tocar” (...) “ya no corre amor de tu esperma ni tu sangre/ pieles chillan/ y el silencio es/ lo único que te atraviesa”, apunta Lavquén.

a mi hijo
Yo leo Edipo
día tras noche

Ovulada, Amanda Durán


La imagen del padre muerto ¿o ausente?, es constante, como un fantasma que va y viene en un acorde difuso de la memoria, pero que se empecina en regresar. También se percibe una especie de imagen edípica: “mi padre se atraviesa en mi cama/ apareces”, que toma forma de rabia, de un cuestionamiento familiar muchas veces no claro, puede ser una alerta, una provocación o un llamado de atención sobre los deseos.

Un segundo libro, anteriormente publicado en Chile por Mago Editores, de Amanda Durán, que pasa del desamparo a la indignación, del dolor al placer, de la desazón a la esperanza; también en la poesía es válida la ley de la negación de la negación, y los elementos literarios van transformándose en su contrario como en un espiral. Es el caso de Ovulada.

Manns se arriesga y asegura “si en cada siglo pudiéramos descubrir uno solo de estos jóvenes universos inclasificables, la poesía habría asegurado su destino de manifiesta hermosura con largueza. Que este libro nos baste y sobre ahora mismo, pues será suficiente para rato.

Sin poesía no se entiende nada, escribió Parra para la autora, lo que a estas alturas de su vida la poeta ha asumido a plenitud.


Ovulada
Texto: Amanda Durán
Título de portada: Poroavykyá (Los que hacen daño al prójimo)
Diseño de portada: Fernando Calzoni
Diseño y maquetación: Martina Abud
Colección Los Orfebres
Ediciones Amargord
Director de colección: Rodrigo Galarza
ISBN: 978- 84- 87302-72- 5
Primer deseo


La niña que no soy
que nunca amó a su padre
y finge

gemidos falsos
y falsos
a ras de hambre
o muerte

asqueada en esa falda húmeda
la esquina de la piel
la madre
que no está ni estuvo
nunca

y se toca

hijos
deshojando como mugre
la herencia de un deseo muerto
muertos
amando como hijos
deseos como padres
padres
que no
deshonrarás


Mi madre y mi padre no se conocieron

ella traga sus testículos en un vaso de agua
o sangre
rememora
viejos tiempos de mierda

rotunda

como un funeral

el último hijo que le arrancaron
le da un beso en la espalda

Amanda Durán