9.5.08

BLANCA FERNÁNDEZ PUBLICA "BÓVEDA", POEMARIO FINALISTA EN EL PREMIO INTERNACIONAL MÀRIUS SAMPERE 2007

De los textos de Blanca Fernández surgen una mirada y una voz tersas, que buscan su propia contaminación en la mirada y en la voz del Otro (“manos clavadas/ nuca quitan propio clavos”). Pero es una búsqueda libre de voluntad, como en un juego sin Verdad,guiada por una ética leve y rigurosa en la que se enraízan el dolor y la resistencia: “aguas libres arrastrad la palabra/ desprecio”. Leídas estas páginas, en los ojos quedan perlas que fueron ojos."Bóveda" es su primer poemario que nace libro.

UN CUERPO PROFUNDO

¿Aprenderé a amar tu nuevo rostro? /sin párpados/ sin boca


Un día, jugando a asignarle una vocal rimbaudiana (es decir, coloreada) que la distinguiese- un shibbólet para la apertura de la palabra a su silencio-, atribuí a la poesía de Blanca Fernández la I roja, rire des lèbres belles. Es decir, hay un sonido afilado, en estos versos, y el rojo, el rojo casi negro (de melancólico orgullo, decía Ernts Júnger) del cuerpo que siente su desaparecer en el ser, en el otro, en la nada /”las pieles aman su servidumbre”), y su permanecer en la nada, en lo otro, en el ser (“el fluir que hubiéramos sido de no haber muerto, también somos").

Es el cuerpo profundo, el que los versos de Blanca Fernández exponen. Un cuerpo fuera del ataurdiano juicio de Dios – fuera del esquema producción-reproducción donde boquea, vigilado, el deseo- y que sabe arrojar su propia finitud y destruir sus propios órganos sobre los sentidos de un infierno que hiede para el hombre que con su plegaria se alejó de lo peligroso.

El peligro, la fe contra el estancamiento y la espera. Hay un temor y un temblor que mueven la desnudez del deseo- en y contra la bóveda del ser-, que siempre tiene una mirada ignominiosa (in nomen). Pero la desnudez es la única forma del deseo, su única potencia. La pérdida del nombre, la ignonimia es su recompensa y castigo. Algo obsceno (fuera de escena) persigue al ojo que se aleja del hombre y de la identidad, para clavarse y desaparecer en el automatismo del No-Dos. Machina ex deo.

La chair est triste, decía Mallarmé. Pero ojos proliferan desde la imagen y en la imagen, florecen en los nombres que la escritura disipa, en los dáctilo de la “caligrafía de la escena”, en el cojeo edípico y tirésico de los yambos y de los troqueos (“el signo duerme o vive/no conoce fin”). La medida del verso – su ritmo (su número)- ve el abismo de su silencio, cada vez, en la cesura en que el respiro cae sobre el verso sucesivo, aún no pronunciado: “despertar la no- palabra/que duerme tras la frente”.

De los textos de Blanca Fernández surgen una mirada y una voz tersas, que buscan su propia contaminación en la mirada y en la voz del Otro (“manos clavadas/ nuca quitan propio clavos”). Pero es una búsqueda libre de voluntad, como en un juego sin Verdad, guiada por una ética leve y rigurosa en la que se enraízan el dolor y la resistencia: “aguas libres arrastrad la palabra/ desprecio”. Leídas estas páginas, en los ojos quedan perlas que fueron ojos.

IANUS PRAVO





Para qué escribir:

Para que el tiempo se consuma deprisa, para succionarlo como un niño un refresco y que el tiempo no estorbe, para usar el tiempo y dejar en él formas con sentido, forma con fondo, en la vela que va deshaciéndose de mí. Para crear en el tiempo algo que trascienda del tiempo, no la obra inmortal, que nunca lo será, sino lo que deja lo que escribo, en mí, después de ser escrito. ¡Y que el tiempo pase sin sentir! ¡dios de todo o de nada, que no sea una tortura el paso de las horas! chupo mi refresco para que no me consuma el vacío de un tiempo sin contenido, para sentir que a pesar del tiempo existo, el tiempo no me desgasta por completo, yo orado en el tiempo una pequeña figura, una muñeca voodú de mi alma.

Para encontrar, para sorprenderme de lo que mi cabeza es capaz de hallar en el marasmo de palabras, para destejer el ruido del universo, para acercarme a mis dudas, a mi ignorancia y saber qué es lo que no sé, para dar forma a lo que soy, para sentir que hay límites –mi cuerpo, la palabra, el otro- e intentar escapar de esos límites o luchar contra esos límites, para escapar de mí, para olvidarme de mí, para poder superar las palabras, para llegar al silencio algún día, a la totalidad, para ser consciente del camino de la palabra que siempre acaba en el blanco silencio.

Escribo para unirme con los otros seres tan solos como yo misma, la palabra necesaria como medio de llegar al otro, para acortar las distancias entre los seres, para compartir mi soledad con quien la halle. Escribo pues no puedo ser hecho absoluto sino aproximación, tendencia, incesante murmullo, eco; la palabra es mi eco, las palabras que pronuncio cuando son necesarias me representan ante el éter, la palabra es lo que queda de mí en el tiempo, la palabra necesita del tiempo para ser leída, pronunciada, escuchada. Las palabras están llenas de tiempo, tal como el ser humano lo está; el hombre necesita del espacio, así como la palabra, pero se expresa en el tiempo, así como la palabra lo hace. Pero la palabra Hombre no es una palabra que pueda pronunciarse de una vez por todas.

Escribo como una oración que pronuncia mi mente anhelando siempre algo incierto, en todos los silencios se manifiesta una pregunta que no puede expresarse con palabras. Lo indócil se revela en la palabra contra la Naturaleza a la que muestro mi derecho a gritar a cuestionar a pronunciar mi yo contra lo que me ignora o a extasiarme también con lo revelado o a perder la voz y las palabras en la contemplación de lo sublime.

Blanca Fernández


Bóveda
Texto: Blanca Fernández
Diseño y maquetación: EN LÍNEA
Colección: Helado de Mamey
Director colección: Francisco J. Sevilla
Ediciones Amargord
Primera edición: 2008
ISBN: 978-84-87302-85-5



XII

templo único
bóveda
universo craneal
expande orbe
sé todo en todo
no aprisiones los mundos
cerebrales
pequeñas replicancias divinas
sublevaros contra fronteras
conquistad único universo
instrumento y cauce
de vosotros mismos

SENTIR no simulacro
si por fin libres
del cáliz de plata



XXII


hoy
nací serpiente

me arrastro
como el hombre
es arrastrado por el tiempo

sucumben las carcasas
las cenizas
renace la mañana
de uno mismo

en el manantial
conchas huecas entrechocan
lejanas voces
de pieles descartadas

y te vuelves

y me vuelvo

y volvemos a alejarnos

cada uno lleva un perro
atado
desde siempre


XLI


hay caminos ocultos
sabedlo
en los que el dolor
se brinda cortésmente

cortésmente aceptar
ofrecimiento o declinar

si la curiosidad vence al temor
sabedlo
descubriréis
en el camino
un hombre solo
cubierto de fragante musgo

hay una puerta de hierro
en su pecho

empujad entonces



Poemas pertenecientes a “Bóveda”, publicado en la colección Helado de Mamey de Ediciones Amargord


Blanca Fernández (Madrid, 1970) es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en diferentes medios de comunicación, sobre todo en televisión, realizando labores de redacción, coordinación, locución y presentación en diferentes programas emitidos por TVE en Canarias, así como en otras cadenas y productoras. Tiene varios poemarios inéditos y una novela también inédita. Ha coordinado talleres de poesía y colaborado en diversas revistas literarias. También ha realizado numerosos recitales poéticos en Las Palmas de Gran Canaria junto con sus compañeros de grupo literario con los que ha escrito un poemario titulado “Taxidermia”, prologado por Leopoldo María Panero, poeta admirado por todos ellos con el que han mantenido un trato cercano durante los últimos años.