4.5.08

EL POEMA Y EL LÁTIGO CONTRA LA BESTIA

Esther Giménez publica su segundo poemario “Lamento por un ángel caído”

Se ha hecho larga la espera del segundo libro de Esther Giménez, tras los ocho años transcurridos desde Mar de Pafos (Premio Hiperión 2000). Después de participar en numerosas antologías y la publicación de una plaquette era necesario que encontrara una editorial sensible a las voces forjadas en el día a día de la poesía. En su nuevo libro nos descubre que la belleza habita donde quiere. Deja entrever un ángel caído cualquiera, difuminado en el devenir de los días, que ya apenas recuerda lo que solía representar.

Con un estilo cargado de sensualidad e ironía, Esther Giménez (Premio Hiperión del año 2000) publica su esperado segundo libro. En Lamento por un ángel caído (Ediciones Amargord) recala en textos más breves pero contundentes. En el recorrido del poemario la autora se decanta por los versos libres aunque no falta algún soneto de perfecta construcción dotado de una mirada actual que nos enseña a reírnos de nosotros mismos.

Mi particular ángel caído, declara Esther Giménez, pareció desde el principio enfundarse en una poesía epigramática, sobria, rotunda, que respondía a la necesidad de explorar los límites, de pendular entre lo vivido y lo no vivido, lo aprendido y lo inventado, lo revelado y lo velado.

El poemario, dividido en cuatro partes con una idéntica estructura: prólogo y decálogo, arranca con “Lamento” en el que cita a Baudelaire para introducir a la bestia a la que ni el látigo ni el poema sirven. Es esta parte la que da nombre al título.

Un ángel caído cualquiera

“Entreveo un ángel caído cualquiera, difuminado en el devenir de los días, que ya apenas recuerda lo que solía representar: la más fiera libertad individual frente a los convencionalismos. La tragedia esta vez no consiste en la caída del ser sobrehumano; lo verdaderamente lamentable es que, como tantos otros demonios convertidos en masa, se vea empujado de nuevo hacia el cielo que una vez repudió”.

En “La canción del páramo”, su segundo capítulo, indaga en la búsqueda del poeta cuando le llega la hora de rendirse a la intemperie: “Y si un niño desnudo existiera más allá / más allá de este páramo/ o de este páramo naciera/ yo le daría muerte”.

Por medio de la advertencia de la cita de Hölderlin, Giménez avisa en “El banquete” de los peligros de la elocuencia: “La carga que me dejaste/ la que me rompió las vértebras/ para que nunca fueran alas/ el oportuno peso/ que me libró de ser un papagayo”.

Cierra el poemario “Cuentos místicos”. Un diálogo entre Vincent y Jules, personajes protagonistas de Pulp Fiction, rescata una serie de héroes que luchan en un mundo cada vez más hecho mierda. Allí desfilan Peter Parker, Jor- El, Afrodita A, Bartleby o el Sr. Rubio, entre otros. “Desalmado el poeta/ Desalmadas todas las bestias/ que afrontaron de espaldas el abismo/ y cayeron de pie/ que en su camino abajo entre nube y penumbra/ vieron la luz y riéronse de ella.

Esther Giménez tiene la habilidad de convertir en terrestres asuntos que tienen que ver con el cielo y viceversa, y lo hace de modo distendido y efectivo porque sabe que la belleza habita donde quiere. “La ceremonia que rodea al texto no es sino otra vía de escape de lo cotidiano o, más bien, un subterfugio para extraer del día a día una brizna de asombro”. Los ángeles se van: no dejan rastro. Como ellos, sabe conmover y seducir.