14.5.08

EDICIONES AMARGORD EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Este año es el bautizo de Ediciones Amargord en la Feria del libro de Madrid. Estaremos en la Caseta 178 desde el 30 de mayo al 15 de junio. Por allí encontrarás a nuestros autores firmando. Durante quince días tendrás a tu alcance nuestros títulos de poesía, psiconáutica, libros para cruzar la noche y música. Te esperamos.


Más de 70 poetas han plasmado en la páginas de Amargord, ya sea en libros individuales o antologías. En la colección Helado de Mamey han publicado autores con obra viva, tales como los mencionados Francisco José Sevilla, antólogo de Hilanderas y No solo...palabras para la paz y Rodrigo Galarza. A ellos le siguieron José Ramón Huidobro, Patricia Esteban, Jesús Urceloy, Antonio M. Figueras, Óscar Aguado, Víctor M. Muñoz, Gracia Iglesias y Marta López Vilar.

En este año Ediciones Amargord mira hacia América, como ya lo hiciera con Los poetas interiores (una muestra de la nueva poesía argentina), a cargo de Rodrigo Galarza en la colección Los orfebres. A ellos se unirán sus compatriotas Graciela Maturo, Premio de la Asociación de escritores argentinos, Jorge Bocannera, Premio poesía de la Casa de América y Amanda Durán. Desde Chile llegan Amanda Durán y Juan Soros. El uruguayo Manuel Anduino y la colombiana Piedad Bonnet completan el descubrimiento a corto plazo del otro lado del Atlántico.

En Helado de Mamey publicarán Enrique Falcón, Paco Sevilla, Oscar Aguado, Esther Giménez, Miguel Ángel Gara y la italiana Annelissa Adoloratto. Fernando Díez presentará su devocionario El ser en la palabra, incursión por la poesía mística.

Colecciones psiconáuticas

Amargord aboga por el Derecho a la ebriedad como quedó patente recientemente en el Manifiesto libertario contra la prohibición recientemente publicado por Javier Esteban. Es la filosofía que ampara las colecciones sobre psiconáutica, Soma y Maior. La primera pretende constituir una macro-obra colectiva de consulta que pueda considerarse como manual de instrucciones del más amplio abanico de sustancias alteradoras. Cada número aporta una chispa de luz al generalizado desconocimiento sobre el tema en la opinión pública y medios de comunicación. El Colectivo Interzona constituido, entre otros, por Eduardo Hidalgo Downing, Fernando Caudevilla o Alejo Alberdi son los responsables de los ya editados Cannabis, Ketamina, LSD o Extasis (MDMA).

Para este año José María de la Quintana destaca ¿Sabes lo que te metes? de Eduardo Hidalgo y Heroína, del mismo, a la que se añadirá Cocaína, realizado por el grupo Interzona y la segunda edición de Ketamina, con textos nuevos de Juan Carlos Usó y Fernando Arrabal.>

La colección SOMA ahonda en la ayahuasca y el Amazonas con el nuevo libro de Paco de la Cal y la traducción del libro de Philippe de Felice, Embriaguez divina, que prologa Javier Esteban y la traducción del alemán del clásico de 1926 del Dr. Lewin, Phantastica. También prepara un trabajo coral sobre la figura de Hércules, que dirige José Carlos Aguirre.

1003 Libros para cruzar la noche

Define de la Quintana la colección como un chispazo, una iluminación repentina, una luz al final de la noche. Y es que Amargord no abandona ese sentido nocturno que le hizo nacer. Por eso, estos mini libros se encuentran en expositores de los bares donde también se promueven lecturas poéticas a través de la editorial. En ellos caben todos los temas: aforismos, cuentos, poesía, diccionarios, psiconáutica, etc. Sin olvidar que La vida es un bar y que leer es otra forma de atravesar el puente hacia el alba. Herme G. Donis, Luis Luna, Miguel Ángel Gara, Alberto Paniagua, Cecilia Eudave o Martín Rodríguez Gaona son sólo las primeras firmas de la larga lista de autores que compondrán esta ambiciosa minibiblioteca universal.

Kukudrulu, sello de literatura infantil

Kukudrulu nace con una apuesta importante en número de ejemplares. La primera edición de Nimagai, de Nunu Príncipe salió con 4.000 ejemplares, prácticamente agotados en los primeros meses de su distribución. La búsqueda de la esencia de la protagonista del cuento con el que debuta su autora ha calado sin hacer apenas ruido y prepara su segunda edición.

Fotografías: José R. Huidobro

11.5.08

PERO HAY MÁS, MUCHO MÁS: ESTOY VIVO Y DIGO:

Parque de destrucciones, el lamento de Rodrigo Galarza por los sumideros de Madrid

Hay una reminiscencia de Rimbaud en Parque de destrucciones (Ediciones Amargord) y es que este poemario es la temporada en el infierno que sufrió un poeta con sangre guaraní cuando arribó a Madrid, una ciudad llena de voces que clamaban vida y aniquilación.

Rodrigo Galarza (Caá Catí, Argentina, 1972) alza la palabra desde el primer verso, que es un silencio que revienta en el frenético ritmo de la urbe. Alguien, una sombra, recorre las calles y grita con todas sus fuerzas para que nadie le haga callar: soy el que hundió su pulso en la niebla/ el de la vocación por los derrumbes/ el de los cielos verticales en suburbios insumisos.

El pasado, que va distanciándose muy cercano, es el punto de partida hacia la propia autodestrucción (estigma absurdo mi nombre/ atrapado en un patio con olor a mangos y a tartas de mi madre/ la reina encantada de las fuerzas sangrantes/ en el principio era el allá...)

Es sólo el primer poema, en el que brota la necesidad de hacerse escuchar porque ahí es donde arranca la debilidad. Advierte: Pero hay más, mucho más: estoy vivo y digo: aquí estoy y esta ciudad se llama Madrid/ y este dolor tiene nombre y este dolor devora la ciudad.

Un extranjero solitario y perdido alcanza el infinito con su vista sin asentar. “Y yo les vi solos/ les vi llorando más solos/ les vi entregándose por tickets de Carrefour/ y nos vimos todos juntos y lloramos todos juntos y supimos que no estábamos solos”.

Pero hay más, mucho más: preguntas que nadie va a responder, salvo él mismo que ya conoce la respuesta de antemano: ¿quién- sin hundirse- sepultará los restos de mi naufragio? ¿quién se atreverá a darme de comer en las manos?

Sostiene el poeta que el dolor levanta ciudades. No alcanza la morfina que brota de las cloacas/ no alcanzan las cloacas de los bares/ no alcanzan los bares donde entre parábolas y parabólicas/ colgamos los trofeos del infierno.

Ha decidido navegar con la dulzura de quien se desangra hasta que la ciudad donde naufraga le ame (tengan cuidado del que fue feliz a orillas de un gran río/ porque no podrán contener su pulso de camino interminable).

Son poemas en los que la respiración apenas se escucha entre los tentáculos de la crueldad. Pero hay pausas que incrementan el tormento: no soporto el suave incendio del canto del mirlo/ sobre el ático de la siesta.

La nostalgia convierte en estatua de sal al caminante que comienza a darlo todo por perdido “era yo con mi hermano un inexperto domador de sueños”. Los lazos familiares son el remanso donde el hijo pródigo comienza a flaquear. ¿Oyes madre?...esta vez nacerás de mí, te tendré en los cuencos de mis manos. O en la carta a su padre: viviéndome va la poesía/ con urgencia de últimos rocíos/ con el rostro del que nunca vuelve o se despide.

En una corrala de Lavapiés observa que el tiempo se agota: tiene nombre la tristeza esta tarde/ como la ropa tendida en la cuerda del silencio/ donde la anciana cuenta las pinzas que le sobran. Se declara vencido "me doy muerte aquí en esta ciudad que se llama Madrid... y cómo borro mis crueles alfabetos/ como huyen con el viento que anuncia mis derrotas”.

Porque hay más: mucho más.

El poeta ha entrado azorado a la casa de la alegría.

J.Ramón Huidobro


"Este libro alza la Voz sobre las voces que silencian su propia destrucción: la voz de aquellos que fuimos, la de la prostituta, la del mendigo, la de la multitud, la voz del inmigrante. Voces que puta adentro dejan constancia en la página que va sucediéndose con ritmo de caminante incansable y tenaz. Rubricadas quedan por Rodrigo Galarza la vulnerabilidad y el desgarro de la existencia, también del anhelo y la sed insaciable de vida".


voy a navegar con la dulzura de quien se desangra
voy a desangrarme hasta que Madrid me ame
con su amor de “colmena” sin miel

tengan cuidado del que fue feliz a orillas de un gran río
porque no podrán contener su pulso de camino interminable
no podrán aplacarlo con avenidas inventadas
ni parque de diversiones diseñados por hombres muertosen el lazo de su corbata

tengan cuidado del que fue feliz a orillas de un gran río
ya que un día, un gran día-diamante
les enseñará por qué las nubes aman al viento

por qué a veces se quedan, mientras se van



Corrala

tiene nombre la tristeza esta tarde
como la ropa tendida en la cuerda del silencio
donde la anciana cuenta las pinzas que le sobran



1
Me late el olor de la madera
Se acuesta conmigo aunque yo ya no esté
Aunque me haya ido a forjar rejas de arabescos

2
suena mi tórax- tambor
cabe la selva en mis costillas

¿era esto cantar para nacer
Derrumbando rascacielos?



Poemas pertenecientes a Parque de destrucciones, publicado por Ediciones Amargord




Rodrigo Galarza nació en la provincia de Corrientes Argentina, en 1972. Es profesor en Letras. Co-fundador del Grupo Literario ¨Pájaro de Tinta¨ y director de la revista del mismo nombre. Ha obtenido entre otras distinciones el 1er y 2do Premio de Poesía Los Creadores en la Universidad del Sol (U.N.N.E) edición 1998, como así también la del 2000. Ha publicado en diarios y revistas de su provincia, de Buenos Aires, de Madrid, de Asunción del Paraguay, de Nord Carolina EEUU, y de Méjico.

En Madrid ha brindado recitales de poesía a través de la Red de Arte Joven.Publicó: Soles dormidos (poemas1992); Cuentionario(1994,1er Premio del Certamen Anual de la Asociación Correntina de Cultura Inglesa); Diluvio en la memoria(poemas,1995); Ráfagas de pájaros (poemas, 1997. Premio Peirotén de Publicación, Asociación Santafesina de Escritores). Relámpagos de crepúsculos (poemas, 2000, Edit. Pájaro de Tinta). Figura en Twenty Poets from Argentina-Poetry of the Nineties"(2004 Redbeck, Bradford, Inglaterra, traducción de Graham Yoll). El desierto de la sed (Amargord, 2005, Madrid). Los poetas interiores (una muestra de la nueva poesía argentina), Selección y prólogo, Amargord, 2006, Madrid. 17 tangos y algo más (selección y notas) Amargord, 2007, Madrid. Odiseo en Lavapiés (Amargord,2007, Madrid). Parque de destrucciones (El suri Porfiado, 2007, Buenos Aires).

Desde el 2001 vive en Madrid.


Parque de destrucciones
Autor: Rodrigo Galarza
Dibujo de portada: Marcel Duchamp
Fotografía de solapa: Miguel Pérez Pardo
Diseño y maquetación: EN LÍNEA
Colección Los Orfebres
Ediciones Amargord
ISBN: 978-84-87302-81-7

9.5.08

BLANCA FERNÁNDEZ PUBLICA "BÓVEDA", POEMARIO FINALISTA EN EL PREMIO INTERNACIONAL MÀRIUS SAMPERE 2007

De los textos de Blanca Fernández surgen una mirada y una voz tersas, que buscan su propia contaminación en la mirada y en la voz del Otro (“manos clavadas/ nuca quitan propio clavos”). Pero es una búsqueda libre de voluntad, como en un juego sin Verdad,guiada por una ética leve y rigurosa en la que se enraízan el dolor y la resistencia: “aguas libres arrastrad la palabra/ desprecio”. Leídas estas páginas, en los ojos quedan perlas que fueron ojos."Bóveda" es su primer poemario que nace libro.

UN CUERPO PROFUNDO

¿Aprenderé a amar tu nuevo rostro? /sin párpados/ sin boca


Un día, jugando a asignarle una vocal rimbaudiana (es decir, coloreada) que la distinguiese- un shibbólet para la apertura de la palabra a su silencio-, atribuí a la poesía de Blanca Fernández la I roja, rire des lèbres belles. Es decir, hay un sonido afilado, en estos versos, y el rojo, el rojo casi negro (de melancólico orgullo, decía Ernts Júnger) del cuerpo que siente su desaparecer en el ser, en el otro, en la nada /”las pieles aman su servidumbre”), y su permanecer en la nada, en lo otro, en el ser (“el fluir que hubiéramos sido de no haber muerto, también somos").

Es el cuerpo profundo, el que los versos de Blanca Fernández exponen. Un cuerpo fuera del ataurdiano juicio de Dios – fuera del esquema producción-reproducción donde boquea, vigilado, el deseo- y que sabe arrojar su propia finitud y destruir sus propios órganos sobre los sentidos de un infierno que hiede para el hombre que con su plegaria se alejó de lo peligroso.

El peligro, la fe contra el estancamiento y la espera. Hay un temor y un temblor que mueven la desnudez del deseo- en y contra la bóveda del ser-, que siempre tiene una mirada ignominiosa (in nomen). Pero la desnudez es la única forma del deseo, su única potencia. La pérdida del nombre, la ignonimia es su recompensa y castigo. Algo obsceno (fuera de escena) persigue al ojo que se aleja del hombre y de la identidad, para clavarse y desaparecer en el automatismo del No-Dos. Machina ex deo.

La chair est triste, decía Mallarmé. Pero ojos proliferan desde la imagen y en la imagen, florecen en los nombres que la escritura disipa, en los dáctilo de la “caligrafía de la escena”, en el cojeo edípico y tirésico de los yambos y de los troqueos (“el signo duerme o vive/no conoce fin”). La medida del verso – su ritmo (su número)- ve el abismo de su silencio, cada vez, en la cesura en que el respiro cae sobre el verso sucesivo, aún no pronunciado: “despertar la no- palabra/que duerme tras la frente”.

De los textos de Blanca Fernández surgen una mirada y una voz tersas, que buscan su propia contaminación en la mirada y en la voz del Otro (“manos clavadas/ nuca quitan propio clavos”). Pero es una búsqueda libre de voluntad, como en un juego sin Verdad, guiada por una ética leve y rigurosa en la que se enraízan el dolor y la resistencia: “aguas libres arrastrad la palabra/ desprecio”. Leídas estas páginas, en los ojos quedan perlas que fueron ojos.

IANUS PRAVO





Para qué escribir:

Para que el tiempo se consuma deprisa, para succionarlo como un niño un refresco y que el tiempo no estorbe, para usar el tiempo y dejar en él formas con sentido, forma con fondo, en la vela que va deshaciéndose de mí. Para crear en el tiempo algo que trascienda del tiempo, no la obra inmortal, que nunca lo será, sino lo que deja lo que escribo, en mí, después de ser escrito. ¡Y que el tiempo pase sin sentir! ¡dios de todo o de nada, que no sea una tortura el paso de las horas! chupo mi refresco para que no me consuma el vacío de un tiempo sin contenido, para sentir que a pesar del tiempo existo, el tiempo no me desgasta por completo, yo orado en el tiempo una pequeña figura, una muñeca voodú de mi alma.

Para encontrar, para sorprenderme de lo que mi cabeza es capaz de hallar en el marasmo de palabras, para destejer el ruido del universo, para acercarme a mis dudas, a mi ignorancia y saber qué es lo que no sé, para dar forma a lo que soy, para sentir que hay límites –mi cuerpo, la palabra, el otro- e intentar escapar de esos límites o luchar contra esos límites, para escapar de mí, para olvidarme de mí, para poder superar las palabras, para llegar al silencio algún día, a la totalidad, para ser consciente del camino de la palabra que siempre acaba en el blanco silencio.

Escribo para unirme con los otros seres tan solos como yo misma, la palabra necesaria como medio de llegar al otro, para acortar las distancias entre los seres, para compartir mi soledad con quien la halle. Escribo pues no puedo ser hecho absoluto sino aproximación, tendencia, incesante murmullo, eco; la palabra es mi eco, las palabras que pronuncio cuando son necesarias me representan ante el éter, la palabra es lo que queda de mí en el tiempo, la palabra necesita del tiempo para ser leída, pronunciada, escuchada. Las palabras están llenas de tiempo, tal como el ser humano lo está; el hombre necesita del espacio, así como la palabra, pero se expresa en el tiempo, así como la palabra lo hace. Pero la palabra Hombre no es una palabra que pueda pronunciarse de una vez por todas.

Escribo como una oración que pronuncia mi mente anhelando siempre algo incierto, en todos los silencios se manifiesta una pregunta que no puede expresarse con palabras. Lo indócil se revela en la palabra contra la Naturaleza a la que muestro mi derecho a gritar a cuestionar a pronunciar mi yo contra lo que me ignora o a extasiarme también con lo revelado o a perder la voz y las palabras en la contemplación de lo sublime.

Blanca Fernández


Bóveda
Texto: Blanca Fernández
Diseño y maquetación: EN LÍNEA
Colección: Helado de Mamey
Director colección: Francisco J. Sevilla
Ediciones Amargord
Primera edición: 2008
ISBN: 978-84-87302-85-5



XII

templo único
bóveda
universo craneal
expande orbe
sé todo en todo
no aprisiones los mundos
cerebrales
pequeñas replicancias divinas
sublevaros contra fronteras
conquistad único universo
instrumento y cauce
de vosotros mismos

SENTIR no simulacro
si por fin libres
del cáliz de plata



XXII


hoy
nací serpiente

me arrastro
como el hombre
es arrastrado por el tiempo

sucumben las carcasas
las cenizas
renace la mañana
de uno mismo

en el manantial
conchas huecas entrechocan
lejanas voces
de pieles descartadas

y te vuelves

y me vuelvo

y volvemos a alejarnos

cada uno lleva un perro
atado
desde siempre


XLI


hay caminos ocultos
sabedlo
en los que el dolor
se brinda cortésmente

cortésmente aceptar
ofrecimiento o declinar

si la curiosidad vence al temor
sabedlo
descubriréis
en el camino
un hombre solo
cubierto de fragante musgo

hay una puerta de hierro
en su pecho

empujad entonces



Poemas pertenecientes a “Bóveda”, publicado en la colección Helado de Mamey de Ediciones Amargord


Blanca Fernández (Madrid, 1970) es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en diferentes medios de comunicación, sobre todo en televisión, realizando labores de redacción, coordinación, locución y presentación en diferentes programas emitidos por TVE en Canarias, así como en otras cadenas y productoras. Tiene varios poemarios inéditos y una novela también inédita. Ha coordinado talleres de poesía y colaborado en diversas revistas literarias. También ha realizado numerosos recitales poéticos en Las Palmas de Gran Canaria junto con sus compañeros de grupo literario con los que ha escrito un poemario titulado “Taxidermia”, prologado por Leopoldo María Panero, poeta admirado por todos ellos con el que han mantenido un trato cercano durante los últimos años.

7.5.08

JORGE BOCCANERA GANADOR DEL PREMIO CASA AMÉRICA DE POESÍA

Boccanera publicará en Ediciones Amargord "Polvo para morder"

El poeta y periodista argentino Jorge Boccanera ha obtenido del VIII Premio de Casa de América de Poesía Americana. La obra “Palma Real” del escritor se antepuso el pasado 28 de abril a los 272 manuscritos presentados en el último certamen.

Departamento de Comunicación Casa de América

El Jurado, integrado por Juan Gelman (Presidente), Julia Escobar, Luis García Montero, Jesús García Sánchez, Benjamín Prado, Imma Turbau y Anna María Rodríguez-Arias (secretaria), concedió por mayoría el Premio de Poesía Casa de América al libro “Palma real” y destacó la calidad literaria de una poesía muy rica estéticamente y muy exacta en el uso del vocabulario.

En su opinión, la obra de Boccanera sobresale especialmente por su diálogo profundo con la tradición poética hispanoamericana.

El Premio Casa de América de Poesía Americana aspira a estimular la nueva escritura poética en el ámbito de las Américas, con especial atención a poemas que abran o exploren perspectivas inéditas y temáticas renovadoras y tiene una dotación de 6.000 euros como anticipo de derechos de autor, dado que la obra se publica en la Editorial Visor Libros.


Polvo para morder, próxima publicación en Ediciones Amargord

Ediciones Amargord incluyó a Boccanera en la colección Los Orfebres, dedicada a los poetas de allá, donde publicará inminentemente "Polvo para morder". Este libro se instala en una instancia extrema, porque morder el polvo es la imagen de la derrota por excelencia y es, desde ese límite, que esta voz se resuelve, muestra el estrépito de la caída y transforma, como única salvación, el polvo en alimento, combustible para el poema. La obra se editó en una edición universitaria en Argentina en el año 1986. Más de veinte años después su vigencia es indiscutible.

SOBRE CALLE

Calle parte de la Gran vía, quizás la travesía urbana más emblemática de Madrid asediada ahora por el cierre de cines y teatros, el enésimo expolio de las ideas en beneficio del dinero: esa gran abstracción. Pienso que la avaricia y la codicia de estos tiempos son más una enfermedad del espíritu que del cuerpo, por eso a pesar del materialismo que todo lo devora, el alma lucha por volver a existir.

Pero hablando del libro y asumiendo el peso horizontal de edificios construidos con distintas inspiraciones arquitectónicas, Calle también tiene que ver con la autocensura a la que nos sometemos mediante tanta exquisita ironía, el miedo a decir verdades que duelan, la imposibilidad de vivir la vida ausente.

La niebla de lo dado, de lo ya transcurrido, evita a menudo alcanzar lo entrevisto, lo soñado (más que lo perdido) entre los pliegues de las sábanas. Un zapato rojo en el centro de un cráter de obús en la Red de San Luis y cierto 27 combativo, especialmente Alberti, Miguel Hernández, Juan Larrea, se hallan de algún modo tras estas evocaciones. Vidas lejanas y posibles y algunos personajes de películas y obras de teatro se han metido como cuñas en los poemas, a veces conscientes, a veces como habitantes fantasmales de un edificio en ruinas. En fin, puede que haya también un poco de suicidio de la memoria, de nombres extraviados, de mujeres heridas de tiempo como sombras entrevistas en las balaustradas y además algo (espero) de cóctel en Chicote bien cargado con 2 partes de recuerdo, 1 de anhelo y 1 par de gotas de angostura.


Miguel Ángel Gara

5.5.08

LOS TEATROS CERRADOS EN UN HERMOSO TELÓN

Con Calle, Miguel Ángel Gara, configura un particular Drama en gente con poemas de distintas evocaciones: versículo y metro clásico, caligrama y monólogo dramático, poema en prosa y aforismo. Edificios diversos para una visión, no exenta de sentimiento, de una calle transcurrida, presente y, al mismo tiempo, aún por construir.


Miguel Ángel Gara (Madrid, 1970), uno de los poetas con mayor proyección editorial, nos sugiere en Calle tanto un lugar físico como un silencio imperativo. Como en toda arteria urbana donde se erigen construcciones de diferentes épocas y estilos.

Para adentrarnos en su particular avenida, Gara, se ha dejado llevar por esa hora de cierre de los teatros en una gran ciudad y ha dividido el poemario en la estructura de una obra clásica: preámbulo, primer acto, entreacto, segundo acto y telón.

El preámbulo es un poema sin título que nos anuncia el final y nos descubre la calle. Allí están el Drama: “Como un personaje de una obra/ en la dramática medianoche, / ves teatros, cines/ cerrando la función/ Y el cielo que abre el escenario de la calle, rota” y la Comedia: La risa es saludable, ría usted, regrese/ como un actor donde el colmillo brilla. Advertidos estamos que formamos parte de este Teatro de la vida.

Se alza el telón y alguien brilla mientras camina antiguamente a la realidad, la verdadera protagonista de este libro. Nada está completo/…/la realidad no-toda que se oculta/ y en su fin amanece. Y ésta es la contrarréplica de la misma Realidad: “Qué falta/ en la palabra, entonces/ gravedad/acabada la obra/y la palabra”.

Los poemas se construyen a partir de ideas concéntricas. Parecen piedras que se sumergen en un estanque y se expanden hasta desaparecer. La sombra caía camino de la casa/ y puede que la sombra/ fuera una sombra ajena.

Las contradicciones conforman imágenes tan bellas como dramáticas: en el verde violento de los ojos murió la primavera (Estéril). Y qué es eso, preguntas, sino el río/ donde se ahoga el pez que ansía la tierra/de pura sed, en el descubrimiento/ de su agua imbebible.- Respiras en esa calle abierta-.

Las palabras repetidas recuerdan a la inspiración jazzística del movimiento beat. La reiteración conforma la melodía que nos guía: No es esta palabra/ tu cuerpo, música/ donde te conocí…/ No es esta palabra tu cuerpo música/…cuervo/ que roba la palabra/ antes de que llegue a su sonido.

Gara exige que las palabras entren por todos los sentidos. Los poemas visuales son una constante como el titulado Seco inspirado en la gota cortaziana. Un trazo perfectamente cerrado: La/imaginaria/forma de una gota/…/Imaginaria manera/ de lágrima.

Poemas que hacen de la palabra un pincel que juega a engañar al ojo. Repetición de palabras que cambian el significado a la menor distracción.

Calle configura un particular drama en gente con poemas de distintas evocaciones: versículo y metro clásico, caligrama y monólogo dramático, poema en prosa y aforismo. Gara se desenvuelve en todos ellos y construye con la palabra rompecabezas que encajan pieza a pieza.

“El telón cae en los cines de la calle, en la fanfarria de novedades los leones dormitan y las alfombras mullen bajo los compradores. el mercader expulsa profetas del templo: marchaos de aquí, -proclama- no mancilléis de augurios la casa de mi padre. La magia de los cines es así, se hace la realidad”.


J.Ramón Huidobro

Calle
Texto: Miguel Ángel Gara
Fotografía de portada: José Javier González
Diseño y maquetación: EN LÍNEA
Colección: Helado de Mamey
Director de colección: Francisco J. Sevilla
Ediciones Amargord
ISBN: 978-84-87302-80-0
Primera edición: 2008





la ausencia es la suavidad de lo extraviado, seda fija al pulmón, camino que divide los caminos, con pasos de silencio en la sangre aún invisible el niño es una cuchilla tierna, tensión que otorga a un mundo progresivamente abierto

el telón cae en los cines de la calle, en la fanfarria de novedades los leones dormitan y las alfombras mullen bajo los compradores. el mercader expulsa profetas del templo: marchaos de aquí, -proclama- no mancilléis de augurios la casa de mi padre. La magia de los cines es así, se hace la realidad

la mujer del balcón es contemplada por los fugaces peatones de la calle, Pelagia, susurran, y ella desaparece hacia el interior como si su estado natural fuera el tránsito, la oquedad que abandonan sus ojos perennes

la dirección de la calle es el futuro pero algo se abate en el latido de lo que fue colina, posadas, las acacias asen el instante como manos y lo encienden con su duro albumen de ser vivo, golpes de pedernal de pisadas que no se repiten, que surgen y desaparecen, en los campos de fuego


Las nubes fluorescentes de Zhu Chung

En el cielo las nubes fluorescentes,
suben rascacielos como acantilados
interminables son las carreteras
que atraviesan la tierra.
Te ruego que no mueras.
Ojalá trates de volver.


Accidente

La cicatriz abrió la herida



* Poemas pertenecientes a "Calle" de Miguel Ángel Gara, publicado en la Colección Helado de Mamey de Ediciones Amargord



Miguel Angel Gara (Madrid 1970) ha publicado los poemarios El libro de Sara (LF ediciones, 2005), Luz previa a la luz (XXIV Premio de poesía Ciudad de Badajoz, Ed. Algaida, 2006), la plaquette de aforismos Gérmenes y momentos (Ed. Amargord, 2007) y, en breve, El desierto de agua (Ed. La garúa). Recientemente ha co-traducido junto a Johanna Lööf la antología de poesía juvenil sueca “Mellan himmel och jord” (Entre cielo y tierra, Ed. Slottener 2007). Colabora asiduamente en varias revistas literarias y es responsable del suplemento de poesía Pata de gallo en el portal literaturas.com.

4.5.08

EL POEMA Y EL LÁTIGO CONTRA LA BESTIA

Esther Giménez publica su segundo poemario “Lamento por un ángel caído”

Se ha hecho larga la espera del segundo libro de Esther Giménez, tras los ocho años transcurridos desde Mar de Pafos (Premio Hiperión 2000). Después de participar en numerosas antologías y la publicación de una plaquette era necesario que encontrara una editorial sensible a las voces forjadas en el día a día de la poesía. En su nuevo libro nos descubre que la belleza habita donde quiere. Deja entrever un ángel caído cualquiera, difuminado en el devenir de los días, que ya apenas recuerda lo que solía representar.

Con un estilo cargado de sensualidad e ironía, Esther Giménez (Premio Hiperión del año 2000) publica su esperado segundo libro. En Lamento por un ángel caído (Ediciones Amargord) recala en textos más breves pero contundentes. En el recorrido del poemario la autora se decanta por los versos libres aunque no falta algún soneto de perfecta construcción dotado de una mirada actual que nos enseña a reírnos de nosotros mismos.

Mi particular ángel caído, declara Esther Giménez, pareció desde el principio enfundarse en una poesía epigramática, sobria, rotunda, que respondía a la necesidad de explorar los límites, de pendular entre lo vivido y lo no vivido, lo aprendido y lo inventado, lo revelado y lo velado.

El poemario, dividido en cuatro partes con una idéntica estructura: prólogo y decálogo, arranca con “Lamento” en el que cita a Baudelaire para introducir a la bestia a la que ni el látigo ni el poema sirven. Es esta parte la que da nombre al título.

Un ángel caído cualquiera

“Entreveo un ángel caído cualquiera, difuminado en el devenir de los días, que ya apenas recuerda lo que solía representar: la más fiera libertad individual frente a los convencionalismos. La tragedia esta vez no consiste en la caída del ser sobrehumano; lo verdaderamente lamentable es que, como tantos otros demonios convertidos en masa, se vea empujado de nuevo hacia el cielo que una vez repudió”.

En “La canción del páramo”, su segundo capítulo, indaga en la búsqueda del poeta cuando le llega la hora de rendirse a la intemperie: “Y si un niño desnudo existiera más allá / más allá de este páramo/ o de este páramo naciera/ yo le daría muerte”.

Por medio de la advertencia de la cita de Hölderlin, Giménez avisa en “El banquete” de los peligros de la elocuencia: “La carga que me dejaste/ la que me rompió las vértebras/ para que nunca fueran alas/ el oportuno peso/ que me libró de ser un papagayo”.

Cierra el poemario “Cuentos místicos”. Un diálogo entre Vincent y Jules, personajes protagonistas de Pulp Fiction, rescata una serie de héroes que luchan en un mundo cada vez más hecho mierda. Allí desfilan Peter Parker, Jor- El, Afrodita A, Bartleby o el Sr. Rubio, entre otros. “Desalmado el poeta/ Desalmadas todas las bestias/ que afrontaron de espaldas el abismo/ y cayeron de pie/ que en su camino abajo entre nube y penumbra/ vieron la luz y riéronse de ella.

Esther Giménez tiene la habilidad de convertir en terrestres asuntos que tienen que ver con el cielo y viceversa, y lo hace de modo distendido y efectivo porque sabe que la belleza habita donde quiere. “La ceremonia que rodea al texto no es sino otra vía de escape de lo cotidiano o, más bien, un subterfugio para extraer del día a día una brizna de asombro”. Los ángeles se van: no dejan rastro. Como ellos, sabe conmover y seducir.

3.5.08

SOBRE LAMENTO POR UN ÁNGEL CAÍDO



Sobre Lamento...

Por Esther Giménez

Mi particular ángel caído pareció desde el principio enfundarse en una poesía epigramática, sobria, rotunda, que respondía a la necesidad de explorar los límites, de pendular entre lo vivido y lo no vivido, lo aprendido y lo inventado, lo revelado y lo velado. Parece esta la única forma de adentrarse en materia solemne, un abrirse paso entre la maleza que nos lleve hacia lo sagrado y nos aleje de la creencia impuesta. Forma y contenido no son en ningún caso premeditados, sino que se amoldan como sola unidad al ritmo interno del poema. La musicalidad del verso tiende irremisiblemente a cero y es el silencio -principal protagonista- el que sirve de andamio a la palabra. A modo de ritual, el sigilo y la oscuridad dotan de especial relevancia a lo poco que allí acontece: dos o tres imágenes, vagamente iluminadas, que lo dicen todo, que no tienen por qué decir más. La ceremonia que rodea al texto no es sino otra vía de escape de lo cotidiano o, más bien, un subterfugio para extraer del día a día una brizna de asombro: la epifanía que inesperadamente surge de lo acomodaticio.

Entreveo un ángel caído cualquiera, difuminado en el devenir de los días, que ya apenas recuerda lo que solía representar: la más fiera libertad individual frente a los convencionalismos. La tragedia esta vez no consiste en la caída del ser sobrehumano; lo verdaderamente lamentable es que, como tantos otros demonios convertidos en masa, se vea empujado de nuevo hacia el cielo que una vez repudió.



Esther Giménez (Vallecas, Madrid, 1979)estudió Filosofía Inglesa en la Universidad Complutense. Ha publicado Mar de Pafos (Premio Hiperión 2000)y la plaquette Epitafios (Cuadernos del Vigía 2001). Figura en varias antologías como Un siglo de sonetos en español (Hiperión 2001), Ni Ariadnas ni Penélopes (Castalia, 2002), Mujeres de carne y hueso (La esfera de los libros, 2002), Veinticinco poetas jóvenes (Hiperión, 2003), Todo es poesía menos la poesía (Eneida, 2004), Los jueves poéticos en La Casa del Libro (Hiperión, 2006), La voz y la escritura (Sial, 2006) e Hilanderas (Amargord, 2007). Lamento por un ángel caído (Amargord, 2008) es su segunda obra individual publicada.



LAMENTO


Prólogo


Su avidez y su vida mordisquean mi vientre.
Ya sólo viva y ávida,
ni el poema ni el látigo me sirven
contra la bestia.


CANCIÓN DEL PÁRAMO


Prólogo


Olvida los colores chillones del hallazgo.
Deja de lado el grito y el sudor.
Apaga la estridencia;
no te rías.
Es hora de reírse a la intemperie.


EL BANQUETE


Prólogo


La carga que me dejaste,
la que rompió mis vértebras
para que nunca fueran alas,
el oportuno peso
que me libró de ser un papagayo


CUENTOS MÍSTICOS


Prólogo


Aquí escupió el santo varón.
Mirad la llaga de la piedra,
El estornudo todopoderoso.



Poemas pertenecientes a Lamento por un ángel caído de Esther Giménez publicados en la colección Helado de Mamey de Ediciones Amargord

Lamento por un ángel caído
Autora: Esther Giménez
Dibujo de portada: Rufino Mirayo
Diseño y maquetación: EN LÍNEA
Colección Helado de Mamey
Director de colección: Francisco J. Sevilla
Ediciones Amargord
ISBN: 978-84-87302-78-7
Primera edición: 2008

1.5.08

LATINOAMÉRICA DEBE DEFINIR SU IDENTIDAD PARA ACUDIR AL DIÁLOGO DE CIVILIZACIONES

Madrid, 30 abr (EFE).- Latinoamérica es "la única región del mundo que no ha definido su identidad", una tarea prioritaria de los intelectuales, necesaria, según el escritor argentino Adolfo Colombres, para acudir al diálogo con las demás civilizaciones.

Colombres, que presenta en España esta semana su último libro, "América como civilización emergente", es un defensor acérrimo del auto-examen que deben hacer los latinoamericanos para 'descolonizar' su cultura, "para saber qué y quiénes somos", aparte de "occidentales".

Al autor recuerda en una entrevista con Efe que "a los africanos nadie les dice que son occidentales", y pregunta: "¿Es Latinoamérica occidental?".

La América Latina tiene como 1.600 culturas diferentes, una gran diversidad de "matrices indígenas" o una enorme "gama mestiza", pero los latinoamericanos, añade Colombres, no se toman el trabajo de definirse, de "poner distancia" frente a los paradigmas europeos.

Parece que el autor perdiera la paciencia cuando lamenta que "las cabezas pensantes" de Latinoamérica "todavía discuten los problemas filosóficos de la Alemania de los años veinte como si fueran suyos".

Y mientras tanto dejan pasar, sin reflexión alguna, "la máquina más poderosa de demolición cultural", el cristianismo; "ese instrumento que sigue atacando a los pueblos. En cuanto hay un indígena que tiene una cosmovisión distinta, inmediatamente lo quieren dominar", dice Colombres.

Por este motivo, el intelectual argentino cree que en Latinoamérica hay una labor urgente que es la necesidad de elaborar "un pensamiento estratégico y práctico que ayude a la gente a situarse en el mundo".

En esa tarea, insiste Adolfo Colombres, es necesario "procurar librarse de la colonización pedagógica cultural", indispensable para ver la realidad con "parámetros propios".

Tal como lo expresa en su libro, Colombres aboga también por mantener a toda costa las riquezas materiales e inmateriales del continente, el ecosistema, las "matrices culturales, que son la raíz de la diferencia", o la lengua.

El autor cree que en el proceso actual de repensar Latinoamérica jugó un papel determinante el levantamiento de Chiapas (México), el 1 de enero de 1994, la misma fecha en que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y cuando centenares de indígenas de levantaron contra el Gobierno mexicano en ese estado del suroeste del país.

Según Colombres, "Chiapas empieza a plantear una respuesta digna a Washington, a la globalización. Los indígenas dijeron que no querían ser los ascensoristas, botones y lavaplatos de los hoteles de Cancún", una gran zona turística planteada para atender a estadounidenses y europeos, explica el autor.

Según el escritor argentino, se trató de la manifestación de unos indígenas que querían decir: "somos los herederos de una gran civilización mucho más antigua que la de ustedes".

Adolfo Colombres también expresa su esperanza porque en América "hay un avance identitario", visto en las reacciones frente a los actuales proyectos globalizadores.

En el comienzo de este nuevo milenio, dice, "el indio de América ha pasado a ser el futuro, cuando antes era el símbolo del pasado", y cita al sociólogo peruano Mirko Lauer, según el cual el indígena "era antes la referencia inmóvil a través de la cual se veía el avance de la modernidad".

Lo que hace falta ahora, insiste el autor, es que "los pensadores sean capaces de echar una mirada prospectiva" sobre Latinoamérica que sirva para echar las bases del aglutinamiento de las culturas del continente.

"No soy político", dice Colombres como a manera de disculpa por su actitud crítica, y añade que sólo es "un militante de América en sí misma", amante de su diversidad y triste "al ver cómo la están demoliendo". Javier Nieto-Remolina- EFE

Fotografía: José Ramón Huidobro

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